BEN-HUR en el Teatro Romano de Mérida

BEN-HUR en el teatro romano de Mérida

Hacía muchos años que un estreno en el Festival de Mérida, como el protagonizado ayer por BEN-HUR, no lograba completar las gradas del coloso graderío extremeño. Para bien o para mal, ha tenido que irrumpir la fuerza de la televisión, a través del actor José Coronado, el de los yogures con bífidus activos, para que toda una pieza clásica como esta comedia se convierta en el mayor éxito de taquilla de las últimas ediciones (están prácticamente vendidas todas las entradas para las ocho representaciones consecutivas que ofrecerá en Mérida).

Otra cosa muy distinta es el resultado formal. Nadie puede negar que la obra conectó con las 3.000 personas que ya acudieron predispuestas a la carcajada antes incluso que salieran a escena la representación. Corren malos tiempos para la lírica y en plena crisis qué mejor que un espectáculo popular, liviano, refrescante y colorido para que durante los 100 minutos que dura la pieza el personal vaya de sonrisa en sonrisa.

La conexión por tanto entre la escena y la grada es indudable, sobre todo, claro, la que realiza ‘BEN-HUR’, representado por un José Coronado que es lo mejor con diferencia de la versión del ya veterano director Jeróme Savary quien, siempre con su puro en la mano, apuesta por llevar a la arena de Mérida una especie de concurso televisivo para premiar al que cuenta más chistes.

Acierta también el director en apenas introducir decorado alguno, sólo un par de pancartas reivindicativas en la META del circuito y en la última fase las banderas tricolores del orgullo gay. Porque la obra también se extrema en este sentido convirtiéndose en un constante alegato de la igualdad sexual, se sea hombre, mujer o travesti, abordando de forma continua la sexualidad, el gran motor de esta comedia, en la lucha constante contra las retransmisiones televisivas de la F-1 (y del fútbol) para al final poner de rodillas al hombre, al dueño del “mando a distancia”, que acaban pidiendo piedad después de haber sido apartados durante mucho tiempo de los placeres amorosos. Y claro, firman de forma obligada, la paz.

Intención de huir de lo soez

Había avisado el director que no quería convertir la representación en una pieza soez, pero más que por el vestuario en sí (no aparece ningún órgano sexual masculino y todo lo más se deja entrever, sugerir), en muchos momentos sí cae en la vulgaridad a través de los diálogos, absolutamente modernos, adaptados a la vida real, pero con unos términos pensados para arrancar la risa fácil para el espectador de televisión: “No servimos más que para follar y ver partidos de fútbol y F-1“, denuncia BEN-HUR, convertido en el gran líder con capacidad para mover el mundo, aunque para ello tenga que usar “el mando a distancia”.

También hay una denuncia explícita a la política actual, a los corruptos, al poder del dinero, a los partidos políticos en sí, dentro de una obra a la que hay que reconocer un gran ritmo, también musical a través de la Banda Municipal de Música de Mérida, y una pléyade de personajes secundarios muy bien utilizados para que al menos durante unos momentos pueda descansar de hacer desternillarse al público José Coronado.

El triunfo final del amor, más bien del sexo puro y duro, y el beso entre dos hombres al final, dentro de una obra donde el papel hombre-mujer es genuinamente confuso a propósito, culmina una representación que no pasará a la historia del Festival de Mérida pero que primero arreglará las depauperadas cuentas del Festival y conseguirá llenos espectaculares para un público que, simplemente, quiera pasar un buen rato, y poco más. ¡Guau!
(basado en un texto sobre Lisístrata de Aristófenes, interpretada por Paco León en el Festival de Mérida, realizado por David Vigario en el diario El Mundo)

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